En su sentido más literal, podríamos coincidir con la afirmación planteada en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española. Sin embargo, nunca una afirmación ha resultado tan evidente y concisa como compleja.

 

Todo aquel que ha traducido en un modo semiespecializado –o al menos lo ha intentado en alguna ocasión– es sabedor de que toda traducción implica una serie de connotaciones y dificultades no apreciables por el ojo de cualquier lector. De hecho, este es el objetivo último de cualquier traducción: conquistar al lector sin levantar sospecha.

 

Por ello, la traducción abarcaría, entre otros elementos, ciertas connotaciones culturales, sociales y geográficas de una lengua alfa probablemente inexistentes en una lengua beta que deberán quedar plasmadas en el texto resultante.

 

La tarea del traductor, por tanto, radicaría en traducir –junto al texto propiamente dicho– tales referencias intraducibles e implícitas del texto de manera tal que el documento traducido presente un perfecto equilibrio entre significado, redacción, fluidez y estilo. Todo ello sin olvidar el ajuste y la adaptación al público al que va destinado.

 

Satisfacer a este destinatario final supone un reto en sí mismo, pues casi con toda probabilidad será el lector el responsable de evaluar –incluso a veces inconscientemente– el nivel de exactitud en terminología y naturalidad, entre otros.

 

En este proceso lingüístico jugaría un papel clave, asimismo, la aplicación de ciertos conocimientos traductológicos con el fin de obtener una conjugación perfecta entre competencia gramatical general, técnicas traductológicas, conocimientos lingüísticos y referencias culturales de ambas lenguas.

 

De ahí que, a pesar de que aquellos no especializados en el campo estén totalmente de acuerdo con la Real Academia Española, todo traductor sea consciente de que el proceso de traducción implica – además de la puesta en marcha de ciertas técnicas adquiridas durante una formación específica– un proceso de comprensión, asimilación y reelaboración del contenido en el que cada elemento en juego desempeña un papel clave.

 

Traducir: ¿expresar en una lengua lo que está escrito o se ha expresado antes en otra?

 

«La traducción es técnicamente posible,

psicológicamente deseable y éticamente necesaria»

J. A. Marina